Esta es mi dulce hermana Geysha, llegó a casa cuando yo tenía 4 años, era una bolita de pelo, que apenas sabía andar. Con ella crecí, y jugué, jamás tubo un mal gesto, ni una mala acción, os podeis imaginar la de trastadas que pude hacerla (no por crueldad, si no por inocencia) era mi confidente, a ella le contaba todos mis secretos y todas mis penas, con ella compartí mis pequeñas alegrías, dormíamos juntas y jamás me faltó su calor ni su defensa.

Según el veterinario que la atendía en aquellos tiempos era un grifón, llegó a vivir 16 años y nunca dejo de llorar recordando el triste día en que tube que llevarla, al veterinario a ponerle una inyección.... por aquel entonces no era cómo ahora, no les dormían.... les pinchaban la tripa y alé ya está, durante unos segundos se convulsionaban.... fué horrible, algo que jamás podré olvidar. por desgracia no ha sido la única vez que he tenido que tomar una decisión así, pero hoy en día se quedan dormidos en tus brazos y les puedes decir adiós, sin arrepentimiento, sabiendo que es lo mejor que puedes hacer por ellos cuando lo único que les queda en la vida es dolor y sufrimiento. (al menos es mi opinión, siempre es una decisión muy dura y que tardo muchísimo tiempo en tomar, pero sé que he hecho todo cuanto está en mi mano por curarles antes de tomarla)

Hace años, no se hacían tantas fotos.... una lástima, apenas tengo fotos de mi querida geysha.

aquí estamos en la playa y como geysha tenía calor yo le puse mi gorro.

Recuerdo un montón de cosas, recuerdo que la ponía camisetas mías, y pantalones, recuerdo que la ponía collares y ella salía encantada a la calle, no le importaba llevar una camiseta, o un pendiente colgando en su oreja, recuerdo el olor de sus orejas y el de las almohadillas de sus pies.

también cuando un coche la atropelló subiendo al monte y la escayola de su pata trasera, que tardaba más el veterinario en ponersela que ella en romperla con los dientes (se comió hasta el bozal) mi madre tubo que aprender a ponerle la escayola, para no tener que ir todos los días al veterinario, recuerdo que un día se comió una abeja y esta le picó el morro (nunca más volvió a comerse ningún insecto que volase) recuerdo también la primera vez que se tragó un anzuelo y tubimos que ir al pueblo vecino a buscar al veterinario, para que se lo sacase (lo tenía clavado en la parte de atrás de la lengua) y el señor veterinario entre que estaba jugando la partida, que él sólo sabía de ganado y la castaña que tenía encima, no se atrevía a meterle la mano en la boca, al final le quitó mi madre el anzuelo y el señor veterinario le cobró 200 pesetas por la tarea..... nunca más, desde entonces, cuando se ha comido un anzuelo (es que el cebo le gustaba mucho) mi madre o yo misma nos encargabamos de sacárselo (ocurrió un par de veces más, hasta que se dió cuenta que había más cebo sin anzuelo...)

una vez olisqueó a un gato en la calle (ella estaba acostumbrada a gato, porque jugaba con rommel el gato del vecino) y esté asustado le dió un zarpazo y le arañó la trufa, pobrecilla como sangraba... desde entonces al único gato que aguantaba era a rommel, a los demás los perseguía.

Tambíen recuerdo y eso jamás lo he olvidado que entonces, la enseñamos a bajarse de las aceras para hacer "sus cosas", en aquellos años, nadie recogía los excrementos de sus perros, pero mi madre decía "si a mi me desagrada pisarlo, no voy a dejar que lo haga dónde puede pisarse con facilidad" Y siempre hemos hecho lo mismo, todos nuestro animales han aprendido a bajarse de la acera y los chicos a levantar la pata en los postes de luz, farolas, papeleras y no en las paredes de las casas, luego con el tiempo empecé a acostumbrarme a recogerlo siempre que lo hiciese en parques, zonas peatonales... y si tenía diarrea, pues entraba en un establecimiento y les pedia serrin para taparlo, así que poco trabajo nos ha costado recogerlo siempre y en todo lugar (menos en el monte de momento)

 

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